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Genofobia: Miedo a las relaciones sexuales

Conocido también como coitofobia, es el miedo hacia cualquier tipo de relación y acto sexual (ya sea con un hombre o una mujer), experimentando repulsión hacia al simple hecho de pensar al respecto.

Como otras fobias, esta puede ser causada por un evento traumático de la infancia: una violación, abuso o haber presenciado un acto sexual que haya resultado desagradable por televisión o en vida real.

Fobia a las relaciones sexuales

 

El vaginismo puede también ser una causa por la cual la mujer podría sufrir de genofobia, debido a que experimenta un dolor grave cada vez que tiene relaciones sexuales.

Esto puede causar con el tiempo un increíble miedo hacia el coito. Otras personas sienten desconfianza al tener relaciones sexuales ya que temen contagiarse de alguna ETS (Enfermedad de transmisión sexual), lo que dificulta que el coito sea posible.

La contradicción de esta fobia es que la persona desea consumar el acto sexual, pero le teme demasiado como para llevarlo a cabo.

Síntomas de la genofobia

 

Solo con el hecho de hablar o pensar sobre relaciones sexuales se puede desencadenar una serie de señales características en esta fobia.

Personas con este miedo comentan que lo primero que sienten es un aumento en su ritmo cardíaco, seguido de sudoración extrema, sequedad en la cavidad bucal, dolor de barriga y, en caso de estar en pleno acto sexual, la incapacidad de finalizarlo.

Estos síntomas casi siempre vienen acompañados de ataques de pánico que inhabilitan a la persona de cualquier actividad que esté realizando en ese momento.

Para evadir estos síntomas algunas personas deciden ser asexuales, disminuyendo así su interés y atracción al mínimo por cualquier actividad relacionada con el sexo.

Tratamiento para superar la genofobia

 

Esta fobia es más común de lo que parece. Incluso, muchos matrimonios buscan ayuda para salvar su relación, ya que alguno de los dos siente terror hacia el acto sexual.

Esto complica ampliamente el vínculo amoroso, pues se puede llegar al extremo de personas cansadas de sentir ansiedad cada vez que en una conversación se desvía hacia un tema sexual.

Lo primero sería ir en busca de ayuda profesional (de un sexólogo o un terapeuta). Describiendo los síntomas al especialista, este diagnosticará de la mejor manera posible analizando el caso.

En lo referente a las mujeres, el diagnóstico muchas veces está relacionado al vaginismo, ese dolor grave a la hora de la penetración causado por contracciones involuntarias de las paredes vaginales, mezclado con los síntomas de la fobia.

En los hombres el diagnóstico se limita únicamente a la genofobia.

En ambos casos se comienza con sesiones semanales acercando paulatinamente a la persona a su fobia y descubriendo la causa.

También abordando el tema de la percepción corporal y cómo se siente el paciente con su cuerpo, de allí se puede ir retrocediendo en el pasado de la persona para determinar si hubo algún evento traumático.

 Si el especialista lo considera prudente, la persona deberá tomar medicamentos antidepresivos (inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina) y ansiolíticos para combatir los síntomas.

Si la fobia del paciente es grave, pocas sesiones pero de larga duración permitirán un avance significativo para lograr erradicar el temor.

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