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Dismorfofobia: Miedo o rechazo a nuestro cuerpo

En algún momento de nuestra vida, todos hemos podido estar acomplejados, ya sea por algún defecto físico, discapacidad, anomalía o agobiados por alguna parte de nuestro cuerpo que no apreciamos. Pero… ¿qué pasa cuando un pequeño complejo se transforma en pura obsesión?

La dismorfofobia es el nombre de lo que se denomina como trastorno dismórfico en el cuerpo, que está encuadrado dentro de los trastornos somatomorfos.

Literalmente, es la fobia o rechazo exagerado hacia una parte de nuestro propio cuerpo.

¿Qué es dismorfofobia? Definición y significado

 

Dysmorfia: Palabra de origen griego que significa fealdad y fobia o temor, es decir fobia a la fealdad.

Estamos hablando de un serio problema de distorsión de la imagen corporal, por lo tanto, los síntomas están relacionados con la obsesión hacia una parte específica del aspecto físico del sujeto.

Las  personas que lo padece, sienten una constante y excesiva preocupación por alguna anomalía física, ya sea real o imaginaria.

Si tal defecto físico existe realmente, los niveles de ansiedad experimentada son desorbitados, ya que lo perciben de una manera exagerada, pudiendo llegar a tener severos problemas emocionales, o aislamiento social.

Es muy importante recalcar que no nos referimos a una problemática de autoimagen relacionado con trastornos de conducta alimentaria (como en la anorexia) o de identidad sexual (que cursa con rechazo directo hacia el propio cuerpo, concretamente, los genitales).

La dismorfofobia es también llamada trastorno dismórfico corporal o síndrome de distorsión de la imagen, y consiste en la percepción y valoración corporal de una persona, siendo esta percepción una angustia exagerada por algún defecto que no es real en la apariencia física, o bien, tiene una valoración desproporcionada sobre posibles defectos físicos que pudiera presentar un individuo aparentemente normal.

El sentirse fea o feo físicamente, afecta por igual a personas tanto atractivas como a quienes no lo son.

En el 45 % de las personas nos les agrada la forma de su cara, nariz (granos, boca, mandíbula…), el peso, la estatura, el trasero, pies, la barriga, los pechos, manos, genitales, piernas, el cabello, etc.

Se ve más frecuentemente en los jóvenes de ambos sexos y está asociada a las transformaciones que surgen en la pubertad, que va comenzando desde los doce años y terminando, en los casos no patológicos, entre los dieciocho o veinte años.

Fobia hacia nuestro propio cuerpo – Síntomas Principales

 

Esta preocupación abundante por un detalle físico les lleva a una serie de conductas compulsivas y/o de evitación:

 

  • Invierten mucha cantidad de tiempo en intentar cambiar u ocultar la parte de su cuerpo con la que no están conformes, por ejemplo, llevando el pelo suelto, gafas de sol oscuras, llevando mucha ropa
  • Evitan mirarse al espejo o, por el contrario, consumen gran cantidad de horas delante de él para analizar su “defecto”.
  • Evitan salir a la calle, y relacionarse con personas etc.
  • Evitan tomarse fotos o incluso verse en ellas
  • Se comparan continuamente con otras personas
  • Le preguntan continuamente a sus familiares, amigos y allegados sobre su aspecto
  • Acuden a médicos, dermatólogos y cirujanos para corregir ese supuesto defecto, no quedando conformes con las soluciones o resultados que se les da, ya que se trata de un problema psicológico, no físico.

 Causas y efecto de la dismorfofobia

 

Las causas de este trastorno son varias: biológicas, sociales, psicológicas, la personalidad obsesiva o perfeccionista, también cuestiones culturales y sociales.

Los que padecen esta enfermedad es porque comúnmente y en la gran mayoría de pacientes, en su niñez sufrieron burlas sobre su cuerpo o de alguna parte de él, tomando en cuenta también que en el comienzo de la adolescencia es cuando existe una mayor sensibilidad a la crítica, al comentario y a la comparación.

Cuando la persona es joven todavía se encuentra en formación y sin la suficiente experiencia, por lo que psicológicamente no es capaz de defenderse de las agresiones externas, por lo que a un comentario proveniente de los padres o de los amigos, el adolescente le da una gran importancia si lo comparamos con las repercusiones que pudiera tener en el adulto, que puede vivirlo incluso como divertido o gracioso.

En estos tiempos, las continuas imágenes que proyectan y comparten los medios de comunicación y el mensaje que dan con ello, bombardean a los adolescentes, así que la obsesión por el cuerpo es sin duda, una característica de nuestro tiempo y la importancia que se le da es cada vez más notoria.

Los jóvenes están siendo comparados con el estereotipo rígido de belleza y salud que la sociedad ya muchas veces no propone sino impone.

La escasez de valores, la alta competitividad en la sociedad en la que nuestros adolecentes se desenvuelven y el bombardeo publicitario que reciben de modelos esbeltos y con cuerpos «perfectos«, han provocado la disminución en su autoestima, por lo que acuden a métodos de defensa:

buscar su identificación con los amigos, con la imagen de moda o con su propio ídolo; haciendo al adolescente extremadamente dependiente de este tipo de opiniones.

Este comportamiento todavía es más común en las chicas jóvenes, ya que en ellas se aprecia una mayor necesidad de sentirse bellas y admiradas.

En encuestas realizadas en muchachas de 11 a 19 años, su preocupación principal era su apariencia física (59%) mientras que solo el 4%, aspiraba a una mayor capacidad intelectual.

De por sí la situación ya se pone seria cuando se presenta en los Jóvenes, la gravedad de este asunto es todavía mayor cuando persiste en la edad adulta, indicando con ello que la persona no ha alcanzado aún la suficiente madurez psíquica, y un sentido de seguridad en si mismo que le permita superar cualquier impedimento y pueda relacionarse adecuadamente con sus semejantes.

Adicionalmente en nuestra sociedad actual, el adulto tiene a su alcance mayores posibilidades de resolver su problema (dietas, cirugía plásticas).

De igual forma como en las chicas, la mujeres de edad adulta son las que con más frecuencia padecen esta enfermedad y sobre todo a las que su pareja continuamente la ofende sobre su físico.

Tratamiento y cura – ¿Cómo superar la dismorfofobia?

 

Ante la dismorfofobia, el primer paso a seguir es el de concientizar y aceptar el problema al que se está enfrentando.

Seguido de la importancia del apoyo de la familia, los amigos y demás gente que la persona estime, esto podría ser de gran ayuda para recuperar la confianza en sí mismo, sin embargo, en los casos más severos de dismorfofobia, es necesario acudir a la ayuda de un profesional: psiquiatra o psicólogo.

Existen variados tipos de terapia que trabajan la dismorfofobia; sin embargo las más correctas son aquellas basadas en la toma de conciencia tanto del espacio interno como del externo, es decir el que la persona afectada tome conciencia del problema, esto mejorará en gran manera su relación consigo mismo (técnicas conductistas), mientras que la toma de conciencia del espacio externo (la terapia gestáltica) permite a los individuos el acercamiento a estímulos externos que les causan temor para que los superen.

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