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Hemofobia: Miedo a la sangre

La Hemofobia es el temor o miedo irracional a la sangre, no solo a verla sino que también puede producirse este miedo intenso con imaginar sangre.

Se entiende como un persistente, anormal e injustificado temor a la sangre. También se conoce como hemafobia o hematofobia.

El temor es principalmente a la sangre de uno mismo, pero no excluyente, ya que también sienten temor al ver sangre ajena, de otras personas o de animales.

El ver  la sangre puede remitirles a su propia vulnerabilidad a las heridas, y eventualmente a la muerte.

Fobia a la sangre

 

Las personas que padecen de esta fobia suelen evitar los objetos punzocortantes, como los cuchillos, las navajas, las agujas y alfileres, las jeringas, etc.

Por lo tanto, esta fobia a menudo aparece relacionada con la blenofobia, que es precisamente el miedo a esos  objetos.

Al ver sangre o heridas, a los hemofóbicos puede bajarles la presión arterial, lo que los lleva a sufrir mareos e incluso desmayos. Esto puede llevarlos a desarrollar una nueva fobia: el miedo a desmayarse.

El miedo puede ser adquirido por ver una cortada en una persona cercana o animal o también por imágenes en televisión o películas sangrientas.

No es necesario ver la sangre o las heridas para sentirse mal, sino que éste puede producirse también por imaginarlas o por algo que traiga recuerdos.

Los hemofóbicos no soportan pensar en que se les pueda quitar sangre y una publicidad para donar sangre puede bastar para hacerlos sentir mal o al menos, incómodos.

Hemofobia – Síntomas Principales

 

Muchas personas con este problema experimentan una alta presión arterial y alta frecuencia cardíaca al ver sangre, mientras que otros pueden experimentar la reacción opuesta, con desmayos o tensión baja, náuseas,  ansiedad y ataques de sudoración.

Otros síntomas comunes incluyen temblores.

La Hemofobia a menudo se correlaciona con una infancia o trauma acontecimientos de la vida con sangre.

Es muy probable que el individuo Hemophobic haya visto una cantidad excesiva de sangre en un momento específico en su vida. Tal vez en forma de un accidente o muerte.

Hemofobia – Causas y efectos

 

Las causas que conllevan a una fobia a la sangre pueden ser varias. En algunos casos, se puede producir por el simple aprendizaje de algún familiar que padece esto, aprendiendo así a actuar ante ella de la misma forma que el pariente.

En otros casos, el vivir alguna situación traumática relacionada con la sangre puede desarrollarla.

La hematofobia es diferenciada del resto de las fobias en que  presenta un patrón difásico de activación.

Esto quiere decir que, tras aparecer el estímulo fóbico, se crea un incremento de la tasa cardíaca y la presión sanguínea, como hemos comentado en líneas anteriores, pero posteriormente le seguirá una caída brusca de esos parámetros que incluso en algunos casos llegará a provocar el desmayo por tensión baja.

Tras la disminución de la presión arterial o de las palpitaciones, la respiración será cada vez más lenta, e incluso la  tensión muscular desaparecerá por completo, pudiendo todo ello llevar a la persona a sentir mareos.

El paciente también puede acarrear miedo a objetos asociados con la sangre, tales como:

  • Cuchillos
  • Agujas
  • Jeringas

Hemofobia – Tratamiento y cura

 

Los tratamientos de hemofobia incluyen un gran número de terapias psicológicas diversas q giran en torno a la desensibilización gradual de las fobias en el paciente.

Es importante someterse a una desensibilización bajo visualización de un profesional médico, pues los intentos caseros para exponerse a sangre suelen traumatizar aún más al paciente, aumentando así su fobia.

Otros tratamientos incluyen medicamentos contra la ansiedad, los cuales se toman antes de los procedimientos médicos que pudieran exponer sangre.

Entre los métodos de tratamiento terapéutico los más utilizados son:

  • Ejercicios de respiración
  • Visualización guiada (de sangre)

Los cuales deben ser usados por el paciente cuando una fobia empieza a manifestarse.

Como superar la hemofobia

 

Como en otras fobias similares, hay tres tratamientos básicos para superar la hemofobia: la terapia cognitivo-conductual, la  desensibilización y la inclusión de medicamentos para ayudar con la ansiedad y el malestar.

Una consecuencia inmediata de la hemofobia es la depresión o la ansiedad. Un profesional de la salud mental es el más indicado para ayudar a encontrar una solución al problema.

Generalmente, bajo la supervisión del profesional o especialista se animará a quienes sufren esta fobia,  a exponerse gradualmente a ciertas situaciones o deportes donde la sangre puede hacerse presente. 

Esto puede dar ayuda lentamente a que acepten sus miedos.

Son mucho los beneficios de las terapias de comportamiento cognitivo, así como de la hipnosis y el hablar con otros del problema (a través de grupos de apoyo) para que el paciente lleve una vida normal.

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